dimarts, 18 de març de 2014

El Protestantismo Liberal de nuestros días

El Protestantismo Liberal de nuestros días


Para empezar este artículo, quisiera antes, apelar a las definiciones de libertad, liberal y libertinaje que nos da la Real Academia Española de la lengua.

Libertad. (Del lat. libertas, -ātis).
1. f. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. 2. f. Estado o condición de quien no es esclavo. 3. f. Estado de quien no está preso. 4. f. Falta de sujeción y subordinación. A los jóvenes los pierde la libertad. 5. f. Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres. 6. f. Prerrogativa, privilegio, licencia. U. m. en pl. 7. f. Condición de las personas no obligadas por su estado al cumplimiento de ciertos deberes. 8. f. Contravención desenfrenada de las leyes y buenas costumbres. 9. f. Licencia u osada familiaridad. Me tomo la libertad de escribir esta carta. Eso es tomarse demasiada libertad. En pl., u. en sent. peyor. 10. f. Exención de etiquetas. En la corte hay más libertad en el trato; en los pueblos se pasea con libertad. 11. f. Desembarazo, franqueza. Para ser tan niña, se presenta con mucha libertad. 12. f. Facilidad, soltura, disposición natural para hacer algo con destreza. Algunos pintores tienen libertad de pincel. Ciertos grabadores tienen libertad de buril.

Liberal.  (Del lat. liberālis).
1. adj. Generoso, que obra con liberalidad.

Libertinaje. (De libertino).
1. m. Desenfreno en las obras o en las palabras. 2. m. Falta de respeto a la religión.


Como hemos visto, la palabra “libertad” tiene un significado muy amplio, puede identificarse con la apertura a nuevas ideas, al progreso… Algunos, la identifican con una manera de obrar como uno quiere, tergiversando el significado de la palabra.

Vivir en libertad no significa hacer lo que uno desea, debemos recordar que nuestra libertad termina donde empieza la de los demás, no confundiendo libertad con libertinaje.
Si nuestra libertad ofende a otros, quizás deberíamos pensar si estamos obrando de la forma correcta, mas aún si somos cristianos.

Para un cristiano, la libertad es relativa. Ciertamente somos libres Juan 8:32 “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”
Conocer la “verdad” significa nacer de nuevo, aceptar las “normas” que Dios nos ha dado a través de las Sagradas Escrituras, ser fieles a estas  normas y enseñanzas y obedecerlas.

Necesitamos tener un nacimiento espiritual. Hemos nacido una vez de la carne, separados de Dios, pero tenemos que nacer de nuevo del espíritu, si queremos conocer la bendición y gozo de vivir en comunión con Dios.

Se da por supuesto que todo aquel que es miembro de una iglesia evangélica ha hecho una confesión de fe y ha nacido de nuevo, antes o en el mismo momento de hacerla, pero se supone que hemos nacido de nuevo si realmente nos sentimos y decimos ser cristianos.

Entonces, si nos ha sido dada una ley y hemos nacido de nuevo, ¿por qué seguimos en rebeldía? 
Parece que bajo el titulo de que somos libres, hoy todo está permitido, pero La Palabra es clara y concisa: la Ley de Dios es la que es. No es interpretable a nuestro antojo, ni la podemos ni debemos cambiar.  “Cuidarás de hacer todo lo que te mando; no añadirás a ello ni quitarás” Deuteronomio 12:32

En muchas ocasiones, anteponemos nuestras cuestiones personales por encima de La Palabra. Hay muchos temas que parece que son intocables, ante los que hay que andarse con cuidado si defiendes La Palabra, por encima de las cuestiones personales, pudiendo ser acusado incluso de fundamentalista, extremista…

Soy consciente de que el mundo evoluciona. Cada vez son aceptadas mas conductas humanas que hace cien años hubiera sido impensable que se trataran hoy con normalidad, pero quizás algunas de ellas nos apartan de La Palabra, y eso no debemos permitirlo si realmente somos fieles al Cristianismo, si nuestro nuevo nacimiento ha sido de corazón con todo lo que ello conlleva. ¿Somos capaces de tomar nuestra cruz y seguir a Jesucristo con “sus” condiciones, o solamente en aquellos temas que nos interesan? ¿Buscamos el favor de los hombres o el de Dios? ¿Queremos agradar a Dios o a los hombres? O incluso a nosotros mismos.


Desgraciadamente, es algo común en muchas iglesias evangélicas o protestantes el ir poco a poco apartándose del significado mas puro de las Sagradas Escrituras, obviando algunas cosas o "adaptándolas" a los tiempos.

Quizás lo mas preocupante es ver como este camino paralelo que algunos toman, son quienes deben darnos el ejemplo mas estricto de la Palabra con sus propias vidas: Pastores, predicadores, obispos, líderes de la iglesia, ancianos… Parece que hoy todo está permitido.

Todos somos pecadores, es cierto, pero los cristianos que han nacido de nuevo, deben hacer todo lo posible por cambiar sus vidas, por hacer todo lo posible para dar un testimonio puro con su propio ejemplo.

Un cristiano que ha nacido de nuevo, no puede ser liberal, por lo menos en el sentido de falta de sujeción y subordinación, pues estamos sujetos a la Palabra y subordinados a nuesto Señor Jesucristo. 
No podemos obviar la Ley, ni interpretarla a nuestro antojo. La Palabra es la que es, ha sido así durante siglos y debe ser preservada hasta el fin de los días.

Si realmente queremos una relación personal con Dios, debemos negarnos a nosotros mismos y ser fieles a la Palabra, y si dentro de la iglesia o dentro de la comunidad a la que pertenecemos ejercemos un lugar de responsabilidad, debemos ser mas estrictos que ninguno, para que seamos lo mas parecido a lo que Dios espera de nosotros.

Al final es a El a quien vamos a rendirle cuentas cuando nos llame a su presencia.



Albert Sabater

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