dijous, 3 d’abril de 2014

La incomodidad de la luz



La luz no es siempre agradable. Hay luces que nos duelen. Especialmente cuando hemos estado a oscuras durante un largo periodo de tiempo. Luces que nos queman los ojos ... y el alma. Luces que nos incomodan y que no podemos mirar directamente porque su impacto inicial nos deja aturdidos, paralizados. Luces que nos molestan y preferiríamos apartar de nuestro camino para seguir en la seguridad y comodidad de nuestras penumbras ... Luces que nos afrontan con nuestra verdad y a la que nuestros ojos tendrán que ir habituándose lenta y pausadamente, pero en esta acomodación nos damos cuenta de que todo va tomando nuevas formas y nuevos sentidos. Se nos iluminan espacios de nuestro ser que necesitaban ser transformado, depurados, purificados .



No tengamos miedo de abrirnos a la Luz que nos duele. La que brota de aquellos que nos interpelan y nos exhortan a salir de nosotros mismos, de nuestros autoengaños, de nuestras falsedades. La Luz que estando ya en nosotros y en todo lo creado, está a la espera de dejarse mirar y abrazar de nuevo.



Mar Galceran




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