dissabte, 6 de setembre de 2014

Siete realidades sobre el matrimonio.

¿Cómo nos imaginamos el matrimonio? Siendo jóvenes y sin compromiso aun, podemos tener unas expectativas concretas. Ya tras formar una familia y con más experiencia, la visión de lo que significa realmente una relación profunda entre un hombre y una mujer crece mucho. Frank Powell, casado, con dos hijos, y en proceso de adopción de otro, explica en su blog 7 realidades que ha aprendido. Las traducimos y resumimos a continuación.

1. El sexo es un regalo de Dios. Explóralo.
Dios creó el sexo, pero a través del tiempo hemos dejado que Satanás nos robe este regalo. Nunca se me educó sobre sexo, y eso que crecí en una familia cristiana. Mis marcos de referencia sobre el sexo se construyeron con mis amigos en la escuela y por cómo se planteaba el sexo en las películas. Gran problema.

Aún lucho con disfrutar de la plenitud del sexo hoy en día, por culpa de la nube de mentiras que se formaron en mi cabeza durante los años de mi adolescencia. Es hora de que los cristianos recuperemos el regalo del sexo. Las mentiras a su alrededor arruinan nuestras vidas y matrimonios. Si estás casado, explora la plenitud del sexo, para la gloria de Dios. Ora por la sexualidad con tu marido o esposa.

2. Existe más de una persona allí fuera con la que podrías acabar casándote.
La persona ideal para ti se crea, no nació así. Mantener una relación sana se basa más en el compromiso que en la perfección de las personas. La realidad es que hay más de una persona ahí fuera a la que podrías decidir unir tu vida.

Me encuentro con demasiadas personas que están esperando que llegue algo que no es real. “Simplemente no era ‘la’ persona. Pero sé que mi alma gemela aún está ahí fuera. Simplemente tengo que seguir buscando”.

¿Qué pasa si Dios no quiere que encuentres a la persona perfecta, sino una persona imperfecta que te ayudará a acercarte más a Él? ¿Qué pasa si Dios desea que te cases con una persona con defectos, los cuales te mostrarán también los tus propios defectos? ¿Qué sucede si Dios quieres enseñarte el valor y la vida que se puede encontrar en comprometerte con una persona para siempre, en lugar de la búsqueda frustrante de pasarte toda la vida buscando a la persona perfecta?

3. El primer año de matrimonio es realmente duro.
‘Qué hemos hecho?’ ‘¿Vamos a conseguir superarlo?’ ‘¿Por qué está siendo tan duro?’. Son preguntas que yo me hacía muchas veces durante mi primer año de matrimonio.

Discutíamos. Nos peleábamos. Era muy duro. Y cada día llegaba a la conclusión de que algo no iba bien. Nadie me había advertido de la dificultad de nuestro primer año de matrimonio.

Si estás en el primer año de matrimonio y estás pensando en abandonar, no estás solo. Todo el mundo está luchando para seguir adelante en su primer año. Persevera. Vienen días mejores. Apégate a tu compromiso.

4. Tu marido o tu esposa no te pueden completar.
Él o ella no te puede completar. Yo había creído esa mentira, y no fue hasta que dejé de lado la noción de que mi esposa podía llenar mis vacíos que la pude empezar a amar de verdad. Estaba esperando que mi esposa hiciera algo que sólo Dios puede hacer.

Si estás vacío/a, roto/a e inseguro/a y crees que tu esposo/a es la solución a estos problemas, despierta. No serás seas capaz de disfrutar la belleza de tu matrimonio si crees que el trabajo de la otra persona es completarte.

5. Cásate con alguien con sueños, objetivos y pasiones similares.
Cásate con alguien que crea en Dios, sí. Pero ve más allá: cásate con alguien con sueños similares. Está claro que dos personas no querrán siempre exactamente las mismas cosas en su vida. Pero algunas cosas son más difíciles de trabajar que otras. Por ejemplo, si tú tienes pasión por las misiones en el extranjero y tu esposo/a potencial odia tener que viajar más allá de las fronteras del propio país, surgirán tensiones lógicas.

Si tu pareja tiene sueños y metas parecidas, será más capaz de entender tus luchas y apoyarte en tus objetivos. Hay mucha fuerza en dos personas que viven la vida juntas con los mismos sueños y objetivos.

6. El matrimonio no es para todo el mundo.
Pablo habla sobre esto a los Corintios. Hasta les llega a decir que si alguien se casa con su prometido/a hace bien, pero que la persona que no se casa hace aún mejor (1ª Cor. 7:38).

Es posible que necesitemos aceptar la realidad de que Dios no ha llamado al matrimonio a todo el mundo. He hablado con hombres y mujeres jóvenes que están casi consumidos por encontrar a una persona con la que casarse. Y la mayor parte de la presión que sienten viene de sus iglesias. Nos debería dar vergüenza. El matrimonio es algo santo y bueno, pero también es totalmente posible seguir a Jesús sin tener una esposo/a.

7. El matrimonio no se trata de ti.
Me encantan las bodas. Pero en una sociedad cada vez más individualista y centrada en el “yo”, las bodas crean una situación que puede ser peligrosa. Es como si todo se tratara de él y de ella, los novios. Todo el mundo les mira a ellos, les anima, les felicita.

Muchas parejas han caído en pensar que la boda ‘se trata de mí’. Pero el matrimonio choca con esta forma de pensar. Porque un matrimonio que tiene éxito es aquel en el que no eres tú el centro, sino la persona a la que sirves. El día de la boda es un día en el que el foco está sobre ti, pero en la vida del matrimonio no hay focos. El día de la boda es de celebración y de alegría, pero muchas temporadas durante el matrimonio son de perseverar y aguantar en las tormentas.

Disfruta el día de tu boda. Prepáralo. Celébralo. Pero no cometas el error de creer que todo se trata de ti. Después de tus 20 minutos de gloria, las luces se apagarán. Ya no se tratará más de ti. Pero esto, te darás cuenta, es en realidad algo bueno.

Fuente: Frank Powell
Edicion: Protestante Digital

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